LAVARSE LAS MANOS: UN HÁBITO SENCILLO QUE AYUDA A CORTAR CADENAS DE CONTAGIO

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Agua, jabón y una técnica adecuada siguen siendo herramientas fundamentales para reducir la transmisión de microorganismos. Saber en qué momentos hacerlo puede convertir un hábito cotidiano en una medida efectiva de prevención.

Abrir una puerta, preparar alimentos, sonarse la nariz o ir al baño son actividades cotidianas en las que las manos pueden entrar en contacto con microorganismos y trasladarlos posteriormente a otras superficies o personas.

Por eso, algo tan sencillo como lavarse correctamente las manos con agua y jabón continúa siendo una de las medidas básicas para disminuir la transmisión de distintas enfermedades infecciosas.

En el marco del Día Mundial del Lavado de Manos, la campaña internacional “Sé un héroe del lavado de manos” busca recordar que la higiene de manos no solamente protege a quien realiza esta práctica, sino también a las personas con las que convive.

La Organización Mundial de la Salud y UNICEF destacan que la higiene de manos en hogares, escuelas y espacios públicos contribuye a reducir enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias agudas y otros padecimientos prevenibles.

¿Cuándo es especialmente importante lavarse las manos?
No se trata de hacerlo de manera compulsiva cada vez que tocamos un objeto. Las recomendaciones internacionales identifican momentos especialmente importantes para la higiene de manos:
• Antes de preparar alimentos.
• Antes de comer o alimentar a otra persona.
• Después de utilizar el baño o tener contacto con materia fecal.
• Después de toser, estornudar o sonarse la nariz.
• Cuando las manos estén visiblemente sucias.

También puede ser necesario reforzar la higiene en situaciones particulares, como al cuidar a una persona enferma o manipular determinados residuos.

“El lavado de manos no implica únicamente evitar que una persona se enferme. También puede ayudar a interrumpir una posible cadena de transmisión”, explica Conrado Polanco Ortíz, gerente de Relaciones Médicas de Esteripharma.

La técnica también importa
Para que el lavado sea efectivo no basta con mojar rápidamente las manos.
La recomendación es utilizar agua y jabón suficiente para cubrirlas por completo y frotar cuidadosamente palmas, dorsos, espacios entre los dedos, pulgares y puntas de los dedos, antes de enjuagarlas.
Cuando no hay acceso inmediato a agua y jabón y las manos no están visiblemente sucias, las guías de la OMS y UNICEF consideran los preparados a base de alcohol —con una concentración de al menos 60%— como una alternativa efectiva.

Sin embargo, el acceso a algo tan básico como agua y jabón todavía representa un desafío en distintas regiones. UNICEF ha reportado que, en los países menos desarrollados, más de seis de cada diez personas carecen de instalaciones básicas para la higiene de manos en sus hogares.

De un hábito individual a una protección compartida
Promover la higiene no depende únicamente de recordar a las personas que deben lavarse las manos. También implica contar con agua, jabón e instalaciones accesibles en hogares, escuelas, lugares de trabajo y espacios públicos.

La OMS y UNICEF consideran la higiene de manos una medida de salud pública que requiere tanto hábitos individuales como condiciones que permitan practicarlos de manera constante.

Incorporarla en los momentos adecuados de la rutina diaria puede parecer una acción pequeña, pero su efecto va más allá de nuestras propias manos: reducir la posibilidad de transmitir microorganismos también es una manera de cuidar a quienes nos rodean.

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