REGRESO A CLASES PUEDE DETONAR HAMBRE EMOCIONAL EN PADRES Y CUIDADORES

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El regreso a clases no solo representa un cambio en las rutinas de niñas, niños y adolescentes. para madres, padres y cuidadores también implica reajustar horarios, asumir nuevas responsabilidades y enfrentar gastos y preocupaciones relacionadas con la vida escolar, factores que pueden incrementar los niveles de estrés y favorecer conductas como el hambre emocional.

En México, 24% de los adultos vive con estrés al menos la mitad del día, de acuerdo con cifras del instituto nacional de estadística y geografía (INEGI). a esto se suma un escenario de salud en el que tres de cada cuatro mexicanos viven con sobrepeso u obesidad, según información del instituto nacional de salud pública (INSP).

Ante la acumulación de obligaciones, algunas personas pueden recurrir a la comida como una manera de afrontar emociones como ansiedad, cansancio, tristeza o aburrimiento. este comportamiento, conocido como hambre emocional, se caracteriza por el deseo de consumir alimentos impulsado principalmente por un estado emocional y no por una necesidad fisiológica.

“El cerebro recurre a la comida como un regulador del estrés y la ansiedad. cuando nos enfrentamos a estas emociones, nuestro cuerpo reacciona aumentando los niveles de cortisol, lo que altera nuestras señales naturales de hambre y nos empuja a buscar alimentos altos en calorías, ricos en azúcares o grasas. esto muestra que comer de forma compulsiva no es una cuestión de falta de voluntad, sino de una respuesta del organismo con la que muchas personas intentan frenar el agotamiento mental y recuperar energía en medio del caos que puede suceder en momentos cotidianos como el inicio de un nuevo ciclo escolar”, señaló la Dra. Carmen Celeste Rosas, Gerente Médico de Obesidad en Merck México.

Una conducta que puede convertirse en un ciclo
El problema surge cuando la comida se convierte de manera recurrente en una herramienta para gestionar las emociones. investigaciones citadas por la especialista han relacionado la alimentación emocional con un aumento de peso a largo plazo en adultos y con posibles afectaciones a la salud metabólica.

Además, después de comer como respuesta a la ansiedad o el estrés pueden aparecer sentimientos de culpa y frustración, lo que puede contribuir a mantener el mismo patrón de conducta.

Sin embargo, la especialista destaca que la obesidad es una enfermedad multifactorial. además del estrés y la alimentación emocional, intervienen factores biológicos, psicológicos, socioculturales y ambientales que pueden influir en su desarrollo y progresión.

Estas condiciones también pueden impactar al resto de la familia. el entorno en el que crecen niñas, niños y adolescentes, incluidos los hábitos alimentarios y las dinámicas emocionales del hogar, puede influir en su salud y en su riesgo de desarrollar obesidad a lo largo de la vida.

Pequeñas pausas para romper el piloto automático
frente a la presión que puede generar el regreso a clases, especialistas recomiendan incorporar pequeñas pausas antes de comer para identificar si existe hambre física o si el impulso está relacionado con ansiedad, cansancio u otra emoción.

También puede ayudar redistribuir las tareas del hogar, establecer momentos breves de descanso y evitar que una sola persona concentre las responsabilidades relacionadas con la crianza y la organización familiar.

La intención no es eliminar por completo el estrés cotidiano, sino encontrar estrategias distintas a la comida para afrontarlo. reconocer las señales emocionales y físicas puede ser un primer paso para construir hábitos más saludables y cuidar el bienestar de todos los integrantes de la familia.

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